Inmigracion:

La integración  para terminar con los prejuicios…
De esta manera este grupo, pone todo su empeño en cumplir con los cinco

En Europa se cuece un coloquio internacional titulado "Europa: El desarrollo para la migración y la integración", el cual reunirá a unos veinte especialistas, algunos procedentes de Alemania, de España, de Francia y del Senegal, este 10 de mayo, en la sede de la UNESCO. Este encuentro pretende principalmente luchar contra los prejuicios. Si la movilidad de las personas es una constante de la historia de la humanidad, las migraciones internacionales se caracterizan consecuentemente en el marco actual de la mundialización, por una complejidad creciente.  De esta manera este grupo pone todo su empeño en cumplir con los cinco objetivos que pretenden favorecer el respeto de los derechos de los emigrantes y su óptima integración en la sociedad, así como la elaboración e implementación de políticas públicas respetuosas con los derechos fundamentales de todos los hombres.  Partiendo del análisis de las condiciones geopolíticas mundiales. Además, pondrán de relieve el potencial del desarrollo que representa este fenómeno social, en un mundo en el que las migraciones y la integración se convierten en sinónimos de oportunidad y de esperanza para los emigrantes, para su país de origen y para Europa. Esto en Francia. Pero en Lisboa el centro de Portugal en la XI Conferencia Internacional de Migraciones  en octubre del año pasado se llego a la conclusión de respeto a los derechos del emigrante, sí, pero además se manifestó que "los inmigrantes dan una contribución sustancial para aliviar la carga fiscal de las generaciones futuras en países de Europa con baja fertilidad".  Un caso demostrativo lo constituye España, país con más 42 millones de habitantes, que en el periodo de 1996 a 1998 el Estado registrará un saldo positivo anual de entre 1.152 y 1.408 millones de dólares, gracias a los inmigrantes. España y Portugal son solo ejemplos de una realidad que se repite en otros países, como Alemania, Francia, Italia, Suiza, Bélgica, Holanda, Luxemburgo y los escandinavos, principales destinos de los trabajadores del hemisferio Sur.  Estos datos echan por tierra los argumentos que respaldan normas cada día más restrictivas por parte de los países europeos para conceder visas y refugio, e incluso para levantar muros.
  
La Unión Europea, cada día más vieja y con menos contribuyentes a la seguridad social, vislumbra en los jóvenes inmigrantes del Sur la solución para completar las cotizaciones necesarias para cubrir la carga de pensiones de sus ancianos. Muchos estudios han anunciado la inminencia de una crisis del sistema de seguridad social, la cual podría ser evitada gracias a los miles de inmigrantes del Sur del mundo, que contribuyen con su trabajo al bienestar de las sociedades del hemisferio Norte.

La sustentabilidad de la seguridad social europea será tarea conjunta y nada fácil, porque según estudios divulgados esta semana por Eurostat, el sistema estadístico de la UE, dentro de cuatro décadas, tres de cada 10 ciudadanos van a tener más de 65 años. Dentro de 44 años, la población de la UE con más de 65 años podrá llegar a los 130 millones, un envejecimiento notable comparado con los actuales 75 millones por encima de esa edad y con los 66 millones registrados en 1995, antes de la ampliación del bloque a 25 miembros.

Los más ancianos son los italianos, seguidos por españoles, alemanes, griegos y portugueses, indican las estadísticas. Las mujeres son más longevas que los hombres, y entre ellas las que viven más son las finlandesas, húngaras y portuguesas.

Ante esta situación, la inmigración aparece como tabla de salvación para dos o tres generaciones de europeos que, de otra manera, no tendrían ninguna posibilidad de ofrecer un ocaso de vida digno a sus padres y abuelos.